La Argentina perdió 84-82 con Serbia en el cierre del grupo A y terminó segunda. Ahora se enfrentará con Brasil en los octavos de final el martes.
Si bien nunca es bueno perder y siempre es mejor terminar invictos en un Mundial. La derrota de la Argentina hoy por la tarde no es del todo mala. ¿Por qué? Si el conjunto albiceleste lograba la victoria, y por ende la punta del grupo, debería trasladarse mañana y jugar el sábado a primera ahora por los octavos de final. En cambio, si perdía, también se trasladaba el viernes pero recién jugaría el martes.
Teniendo en cuenta las lesiones, las ausencias y la falta de juego, que el día martes sea la presentación del conjunto sudamericano es la oportunidad de que vuelva Oberto (tuvo una gastroenteritis), que Jasen se recupere del todo del tobillo, que Román González termine de recuperarse de sus dolores, que Luis Scola, la máxima figura y, a partir de los 32 puntos de hoy, el máximo anotador de la historia argentina en los Mundiales, superando a Ernesto Gehrmann, esté más descansado así puede fajarse con los internos brasileros.
El partido de hoy, quizá el mejor jugado en la primera fase, fue un encuentro donde nunca hubo un dominador absoluto, más allá de los 13 puntos de ventaja que sacó Argentina en un momento en el primer cuarto, duro, con suerte compartida, errores por ambos lados. El conjunto albiceleste batalló hasta el último segundo con un equipo mucho más joven y que está en pleno crecimiento, pero que tiene grandes jugadores, algunos de ellos figuras NBA.
El primer período fue el mejor jugado por el conjunto nacional. Atentos, rápidos, bien comandados por Prigioni y con tiros bien seleccionados por parte de Delfino y Scola. Arrollaron a su rival. Serbia lejos estuvo, en esos primeros minutos, de igualar la efectividad y actitud de Argentina.
Por eso la ayuda vino desde el banco. Con la entrada de Kristic, el conjunto europeo comenzó a levantar el nivel y empezó a demostrar por qué es uno de los candidatos. Le perdió el respeto a su rival y con dos bombas seguidas (una con tiro libre incluido) se puso a tiro del marcador.
A partir de ahí, con la poca rotación argentina y el poco aporte de la banca era cuestión de tiempo que la defensa aminore su intensidad y que la efectividad en ofensiva comience a descender. Fue así que el conjunto serbio se puso por primera vez al frente del marcador a falta de tres minutos para el final. Pero le costó llegar a la ventaja y hasta el final de ese cuarto el partido se tornó muy parejo.
El partido seguía siendo de palo y palo. Seguía mostrando dos conjuntos que luchaban cada posesión como si fuera la última. La diferencia de edad no parecía notarse. Argentina se entregaba con todo.
Así siguió el encuentro hasta los últimos minutos del último cuarto, cuando parecía que Serbia sacaba una gran ventaja (9 puntos) y que se llevaba la victoria sin problemas. Pero nuevamente apareció el faro en la oscuridad de la ofensiva argentina. Scola se puso el equipo al hombro y con diez puntos empardó el partido. También volvió aparecer la defensa cerrada y el aporte de Quinteros para poner un tinte de duda en un partido que fue emocionante hasta el final.
A falta de 18 segundos, Savanovic, clavó una bomba desde atrás de los 6,25 y provocó que el encuentro se convirtiera muy táctico y con mucha incertidumbre. Fue ahí que apareció la tranquilidad del base Rasic, quien encestó cinco libres consecutivos, y le dio una ventaja a los europeos difícil de remontar. La victoria ya estaba consumada para el conjunto balcánico. El primer puesto quedó para Serbia y la Argentina tuvo que conformarse con la segunda plaza.
El rival que viene ahora es Brasil, un viejo conocido. Recién el martes se sabrá si estos días que tuvo la Argentina para descansar, motivarse, recuperarse y concentrase valieron la pena. Sí, se perdió, pero en este caso, no es un mal resultado.
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Argentina superó con dificultad 88-79 a Jordania y de esta manera sigue invicta en el Grupo A. Mañana definirá el primer puesto con Serbia.
Hay una frase en el fútbol que se puede llevar a todos los deportes. “No importa cómo se juega, lo importante es ganar”. Eso es lo que está haciendo el conjunto albiceleste en el Mundial de Turquía. No está jugando de la mejor manera, pero está obteniendo las victorias, está superando rivales difíciles como Alemania y Australia y fáciles como Angola y Jordania de la misma manera, con más sufrimiento que juego, con más sacrificio que ideas.
El rival en la cuarta fecha del grupo A fue Jordania. Un rival que ya, casi, estaba eliminado. Con la idea de demostrar todo su potencial, la Argentina salió con una mentalidad avasallante, dominadora y así rápidamente sacó ventaja. Con un Scola nuevamente intratable, convirtió 15 puntos en el primer cuarto, se fue al descanso con una ventaja de 16 puntos. 35-19.
Quizá en el primer período se vio el mejor juego argentino, con muchos pases, mucha rotación y eficacia. Poco a poco fue decayendo el estilo de pases y rotación pero la eficacia se mantuvo en un segundo cuarto donde apareció Leo Gutiérrez y la frescura de Junior Cequeira para terminar la primera parte con una ventaja de doce puntos.

En el tercero, apareció el tiro exterior del conjunto jordano. La defensa albiceleste comenzó a decaer, la eficacia desapareció y fue entonces que el equipo asiático empezó una remontada que parecía inesperada. Cuando la Argentina estuvo arriba por un doble, nuevamente apareció Scola y fue bien secundado por Delfino. Para sacar una ventaja de seis puntos al termino del anteúltimo período.
En el último cuarto todo seguía igual. El conjunto de Sergio Hernández seguía dubitativo y sin encontrar ese juego del primer cuarto. Jordania cada vez se agrandaba más ante el bajón argentino. Pero la diferencia de calidad pudo más que una buena actitud. Cuando debían aparecer las figuras argentinas aparecieron, Scola siguió encestando, terminó con 30 puntos, Delfino con dos triples cruciales y sobre el final Prigioni con cuatro libres consecutivos que le dieron la ventaja al conjunto nacional.
Así la Argentina se mantiene puntera e invicta en el grupo A y mañana enfrentará a Serbia para saber cuál de los dos equipos termina en la primera ubicación y jugará el sábado el primer partido de los octavos de final en Estambul.
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Con 32 puntos de Luis Scola, la selección de Argentina superó a Angola por 91-70, obteniendo así su tercera victoria consecutiva y posicionándose como único líder del grupo A.
Después de dos batallas que ganó el conjunto albiceleste, en la tarde de hoy se enfrentó a lo que, a priori, era un rival fácil y accesible. Nada de esto sucedió. Después de luchar contra las torres germanas y las australianas todos creían que el encuentro contra el equipo africano sería distendido. Todo lo contrario.
Si bien el resultado final fue amplio y la Argentina sacó 21 puntos de diferencia, el trámite del partido para los de Sergio Santos Hernández se definió en el último cuarto. Durante los tres anteriores el encuentro fue de palo y palo. Cuando parecía que la selección sudamericana sacaba la ventaja, una nueva racha angoleña ponía al resultado en una diferencia de una posesión.
Al conjunto albiceleste, que no contó nuevamente con Oberto, le costó y mucho generar juego. Le costó mucho encontrar su movimiento. Lo que no le costó fue encontrar a Scola para que defina todas las jugadas en el primer cuarto. Todas las posesiones terminaban de la misma manera, “Luifa” luchando contra dos o tres rivales y encestando, así llegó a 17 puntos. La Argentina terminó con 23 en ese período.
En el segundo cuarto, cuando parecía que definitivamente se escapaba el conjunto argentino, una mala selección de tiro, y una mala defensa zonal ocasionaron que el rival se acerque y nunca esté lejos del empate. Sobre el final se despegó el conjunto nacional y llegó a sacar una ventaja de 13 puntos.

Pero un flojo tercer cuarto, sin mucha producción ofensiva y con un claro bajón defensivo el conjunto africano comenzó acercarse hasta empatar el encuentro. La diferencia se achicó y todo hacía prever que la Argentina nuevamente iba a batallar hasta el final para conseguir una derrota.
En el último cuarto y con un gran pasaje ofensivo y una defensa mucho más rígida y cerrada provocó una racha de 18-0 a favor del conjunto de la “Oveja”. Quizá lo más destacado, fue lograr que Angola no haya encestado ningún punto durante seis minutos.
Nuevamente apareció la estrella. Scola seguía imparable y la ofensiva argentina cada vez se aceitaba más. Los últimos minutos estuvieron, únicamente, para que jugadores como Mata, como Juan Gutiérrez obtengan minutos y rodaje. La victoria ya estaba sentenciada.
Fue un triunfo al cual costó llegar, un partido que sorprendió a todos, pero teniendo a jugadores como Scola se resolvió de la mejor manera. Ahora, tanto el grupo A, como el B tendrán un día para descansar y relajarse para después terminar la primera fase.
Un descanso bien merecido y que vendrá muy bien a estos leones. A descansar, muchachos.
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La Argentina superó a la selección de Australia por 74-72 en la segunda fecha del grupo A en la Copa del Mundo. En los últimos segundos, el conjunto oceánico tuvo un tiro de tres bien abierto para ganar el partido.
La historia de estos guerreros se repite. El factor común sigue siendo el mismo: nunca darse por vencidos, luchar siempre, fajarse bajo el tablero en busca de rebotes y segundas oportunidades. No importa que el rival sea superior durante casi todo el encuentro. No importa que uno de los pilares, Fabricio Oberto, no haya jugado por precaución. No importa que las grandes torres australianas se impongan en la zona pintada. Siempre, siempre un, o unos, jugadores dan la cara. Siempre encuentra la oportunidad de romper las esperanzas de los rivales. Y también, por qué no, encuentra la fortuna.
Porque si el último tiro de Adam Gibson ingresaba otra nota se estaría escribiendo. Pero la suerte, la mala puntería, la fortuna, llámela como quiera, decidió que el balón no se introdujera y se produjera una ingrata sorpresa. Quizá sea la suerte del campeón. Porque todo equipo puede tener arranques flojos, dubitativos. Pero si con esos arranques se gana, entonces cuando empiece a engranar la ofensiva, cuando la defensa sea más aguerrida, cuando comience a jugar más holgadamente, las victorias van a ser más tranquilas, sin tanto sufrimiento.
Es verdad que la Argentina sigue muy irregular. No encontró su estilo. No pudo manejar bien el pick and roll entre Scola y Prigioni. Le cuesta mantener la ventaja. Pero mantiene ese hambre de gloria, esas ganas que tantos réditos les dio. Tanto la victoria contra Alemania, como la de hoy por la tarde ante Australia, no mostró el mejor funcionamiento albiceleste.
Pero en las dos presentaciones hubo un factor común. Una figura que se lució, ante los germanos fue Delfino, hoy el que la rompió fue Luis Scola. El jugador de los Rockets aportó 31 puntos, los últimos seis de Argentina en el cuarto período. Pero además se mostró siempre y fue el faro que los compañeros buscaban. El otro denominador común fue el aporte de la banca. Si bien ante los teutones no hubo una figura descollante, la actuación de Cequeira ocasionó la levantada nacional. Hoy, jugando como titular ante la baja de Oberto, el que apareció fue Leo Gutiérrez, el mejor jugador de la Liga Nacional en la actualidad, que aportó 19 y triples muy importantes.

Nunca importó que el conjunto oceánico haya estado por delante en el marcador en casi todo el encuentro. Cuando realmente debieron aparecer los jugadores, aparecieron. El gran triple de Leo cerca del final, y que provocó la primera ventaja argentina, no fue desperdiciado.
A partir de ahí, el oficio nacional apareció. El coraje de estos leones se comió el sueño de los canguros. Cierto es que Argentina logró sacar una diferencia de ocho puntos que no pudo manejar. Porque el básquet es así, hasta que no se termine el encuentro nunca podes desconcentrarte porque se paga caro, y los de Sergio Hernández casi lo pagan.
Esa pelota perdida por Jasen desde el lateral le dio una vida más a un equipo que batalló y jugó ante un rival, a priori, superior. Pero esta vez, la suerte no estuvo del lado australiano (el día anterior en la última pelota, Australia superó 76-75 a Jordania logrando la primera victoria). Esta vez la fortuna estuvo del lado albiceleste. Pero eso sí, sufriendo y luchando hasta el último segundo. Algo, que estos muchachos ya nos tienen acostumbrados.
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Con 27 puntos de Carlos Delfino, la Argentina superó a Alemania por 78-74 en lo que fue el debut para ambos equipos en el Campeonato Mundial.
La espera terminó. Después de cuatro años volvió una de las citas más importantes del básquet a nivel selecciones, la otra son los Juegos Olímpicos. La preparación finalizó. Los amistosos ya pasaron, a partir de ahora todo lo que se gane o pierda será por los puntos.
Pero lo que no terminó fue el hambre de gloria de la selección Argentina, las ganas de revancha, los sueños de los jugadores y aficionados por llegar, una vez más, al podio. El poderío sigue vigente, los jugadores de la “Generación Dorada” no perdieron la mano, ni cuando el conjunto albiceleste ganaba por 14 puntos ni cuando, a falta de 2 minutos, el marcador estuvo empatado.
El equipo de Sergio Santos Hernández superó a un rival muy difícil. Un conjunto alemán que no cuenta con su máxima estrella, Dirk Nowitzki, pero que igual tiene jugadores potentes, altos, veloces. Algunos con experiencia y otros jóvenes, que están provocando la transición en la selección.
Argentina también sufrió la pérdida de dos grandes figuras, Andrés Nocioni y Emanuel Ginobili, pero con los jugadores que quedaron y con los que llegaron a ocupar esos espacios provoca que el conjunto albiceleste sea un serio candidato. Scola y Delfino fueron las armas principales en el ataque, pero la contribución de Cequeira, Oberto, Gutiérrez provocaron la levantada en el tercer cuarto luego de terminar la primera mitad abajo por 3, 42-39.

Con una gran entrega, con mucho esfuerzo y con una buena defensa los de “Oveja” levantaron el nivel y pudieron sacar una ventaja promediando el tercer período. Además de esas virtudes argentinas, también cabe destacar el bajón anímico y, sobre todo, deportivo del conjunto teutón.
La ventaja de 11 puntos al finalizar el anteúltimo cuarto, poco a poco se fue achicando a medida que transcurrían los minutos del último capítulo. El equipo que comenzó a tener un decaimiento en el juego fue el argentino, sumándole la aparición de Hamann y del centro Jagla, el partido, a pocos minutos de terminar se encontró empatado en 74.
Pero fue ahí que nuevamente apareció la jerarquía, el oficio, la experiencia de Argentina para lograr una importante victoria, basándose en la buena defensiva (Jasen robó un balón a falta de 30 segundos) y de un Delfino que, poco a poco, se está convirtiendo en la figura.
Si bien le costó la victoria al seleccionado nacional superar a su par germano, siempre son difíciles los debuts, hay mucho nerviosismo, ganas de demostrar, ansias. La victoria fue clara y así comenzó su navegación en busca del oro. Una navegación que se hace más fácil si vas en lancha.
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Con goles de José Reyes y de Sergio Agüero el Atlético Madrid se consagró campeón de la Supercopa de Europa ante el Inter de Italia. Milito falló un penal.
En la ceremonia para conocer los grupos de la Champions League, el Inter arrolló a todos los rivales en los premios individuales. Ganó el galardón al mejor arquero, defensor, mediocampista y delantero. Por eso, quería seguir de fiesta. Para ello, debía superar al Atlético Madrid, campeón de la, nueva, Europa League.
Por el lado del equipo español, tanto jugadores como hinchas querían demostrar que podían ser el mejor equipo de Europa. La premisa era sencilla, superar al conjunto italiano y llegar a lo más alto de la gloria en el viejo continente.
El escenario elegido para la “finalísima” fue, desde hace años, el Estadio Luis II en Mónaco. Las 18.500 almas con el mismo sueño, el mismo deseo: Gritar campeón.
Como suele suceder en este tipo de partidos el nerviosismo mandó los primeros minutos. El planteo táctico del “Aléti”, de esperar a su rival y no salir a golpearse contra el muro defensivo, ocasionó que los neoazzurros salgan y generen el juego. Así fue que las primeras oportunidades estuvieron del lado italiano.
Luego nuevamente se emparejó el encuentro y costó ver buen fútbol y llegadas. Todo hacía prever que el encuentro terminaría empatado y se definiría desde el punto de penal. Pero…

...La magia llegó. La “Perla” apareció. Reyes, después de combinar una pared con Agüero, llegó al borde del área chica y fusiló a Júlio César. A partir de ahí, con la desesperación y la obligación de empatar del conjunto milanés, fue el madrileño quien tuvo las mejores chances de aumentar el marcador.
Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe. Después de una gran jugada de Simao, quién desbordó a un desconocido Lúcio, llegó el gol del “Kun”. Fiesta colchonera, fiesta roja y blanca. Desilusión negra y azul, tristeza italiana.
Partido sentenciado. A partir de ahí el Atlético de Madrid dominó el trámite del juego. El Inter llegó a cuenta gotas y con más ganas que juego. Pero tuvo la chance de descontar y ponerse a tiro. Diego Milito, elegido mejor jugador de la Champions League, desperdició un penal el cual remató suave y de forma anunciada. Así De Gea, arquero del Atlético, pudo tener su propia “fiesta”.
Rafa Benítez no pudo lograr su segundo título en su segundo partido oficial con el equipo italiano. Quique Sanchez Flores, luego de un comienzo dubitativo la temporada pasada terminó con dos grandes copas para el conjunto rojiblanco.
La mitad de Madrid está de fiesta. Una fiesta que empezó cuando se consagró campeón de la Europa League y que terminó con el postre mayor. La Supercopa de Europa. Hasta el año que viene, el Atlético de Madrid, es el mejor equipo de Europa. Todos KUNTENTOS.
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Andrés Nocioni no jugará el Mundial debido a la lesión en el tobillo y a que los doctores de Philadephia 76Sixers, actual equipo, no creyeran conveniente arriesgar el físico.
La espera llegó a su fin. Los doctores de los Sixers terminaron con el sueño del “Chapu” y de mucha gente que quería verlo jugar, y “matarse”, una vez más con la 13 en la espalda. La esperanza terminó. El gran guerrero cayó, pero de pie. Con lágrimas en los ojos que denotaban su amor por la celeste y blanca. Incluso, querían que esto fuera solo un sueño, más que sueño una pesadilla, pero no, es la realidad. El cazador de sueños debe abandonar la concentración de su equipo con el que disputaría, quizá, su último Mundial.
Todo venía bien. Nocioni venía mejorando notablemente de su lesión (NdR: Tuvo un esguince de tobillo). La rehabilitación estaba sobre ruedas. Pero cuando comenzó tener minutos y empezó a estar en ritmo, se resintió nuevamente en el tobillo ante El Líbano. Salió con problemas para pisar y en el banco de suplentes le envolvieron el pie con hielo para desinflamarlo. A partir de ahí comenzó una carrera contra reloj para que el “Chapu” pueda jugar la cita más importante con la selección.
Tuvo sesiones de kinesiología, trabajo diferenciado. Pero todo dependía de lo que viera y dijera el doctor de Philadephia. Todo concluyó el miércoles a la mañana de Argentina, cuando McPhilemy anunció que el jugador de Argentina debía renunciar a jugar el certamen en Turquía porque la lesión era más importante de lo esperado. Dio a entender que sería riesgoso para el físico del argentino y para el futuro del equipo de la liga más importante del mundo.

Por ese motivo, los 76Sixers, decidieron utilizar la cláusula, para que Nocioni no pueda jugar, la cual habla sobre la prohibición de participar con el equipo nacional en entrenamientos o competencias cuando hay una preocupación médica razonable y donde la participación coloque en riesgo el físico del jugador.
Su remplazo será el jugador de Peñarol de Mar del Plata, Marcos Mata, quien ya viajó hacia Turquía para ponerse a tono con lo físico y en el juego.
De esta manera y para la tristeza de jugadores, cuerpo técnico y aficionados uno de los jugadores emblema del equipo argentino, uno de los jugadores más queridos deberá observar el Mundial desde las gradas y apoyar en todo momento a sus compañeros. El sueño del guerrero de tener la última lucha en un Mundial llegó a su fin. Las ganas de cobrarse revancha del triple marrado en el 2006 frente a España solo quedarán en los sueños. Porque Andrés “Chapu” Nocioni, con dolor, con sentimiento, con lágrimas se perderá el Mundial. Una baja importante para Argentina y para la competencia, que no va tener a un verdadero Hombre.
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