Después de idas y vueltas, LeBron James decidió jugar para el Miami Heat. Acompañará a sus amigos Chris Bosh y Dwyane Wade.
La gran novela de la NBA llegó a su fin. Anoche, LeBron James decidió su futuro. Mediante la cadena televisiva de ESPN avisó que en la próxima temporada jugará en el Miami Heat, junto con Dwyane Wade y el recién incorporado Chris Bosh.
De esta manera, Miami logra conseguir tres agentes libres, Wade también era agente libre y esperaba saber si el equipo le traería jugadores de categoría, y podrá después de varios años de “pobreza” volver a luchar por el título de la NBA.
Después de una semana donde todos hablaban del futuro de “The King”. Este decidió mediante la televisión anunciar cual será su próximo equipo.
"Tomé mi decisión (el jueves en la mañana), luego de sostener una conversación con mi madre", dijo James. "Ya he perdido bastante sueño. Este otoño, estaré en South Beach".
“Esta es la mejor oportunidad de ganar, ahora y en el futuro", consideró LJ23. "Ganar es algo muy importante para mí".
"Queremos construir una dinastía", dijo el presidente del Heat, Pat Riley. Continuó "Nos emociona que LeBron James y Chris Bosh han decidido venir a Miami para unir fuerzas con nuestro gran jugador, Dwyane Wade. Estamos mirando hacia adelante para tener la oportunidad de construir algunas cosas para que nuestros aficionados en Miami estén orgullosos por un largo, largo tiempo. El viaje apenas está comenzando".
Ahora los dirigentes deberán enfocarse en traer jugadores que sean complementarios.
Que no requieran muchos puntos ni mucho estrellato. Sean más “trabajadores”. Deberán traer dos pivotes que puedan dominar el interior, también algunos externos que puedan acertar los tiros de tercera dimensión y un base que sea rápido, así pueda enfrentar a los armadores rápidos de las otras escuadras, y que piense bien las jugadas.
El primer paso para construir esta dinastía ya está dado. Ahora deberán seguir construyendo así el final sea el más esperado. El anillo y la consagración
Habrá que esperar hasta octubre, cuando comienza la temporada, para saber a que puede llegar este equipo.
Hasta ahora, el rey cambió de trono, a ver si ahora puede dominar la NBA.
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Con gol de Carles Puyol, la selección española superó al combinado alemán para llegar a la final del Mundial.
La historia se sigue escribiendo. Siempre hay nuevas ideas, siempre hay más anécdotas, mas circunstancias para seguir llenando la historia futbolística española.
La historia comenzó el 29 de junio del 2008 cuando el gol de Fernando Torres coronaba a la selección española, por ese entonces dirigida por Luis Aragonés, como campeona de Europa, superando, otra vez, a los alemanes por 1-0. A partir de ahí el fútbol español comenzó su escalera que puede terminar en el cielo si el domingo supera a Holanda en la final.
Desde ese momento, los jugadores ibéricos se dieron cuenta que podían, con un fútbol de buen pie, toque corto y rotación, superar cualquier rival e imponer su juego. El mote de equipo sin actitud y convencimiento en los partidos difíciles quedó atrás.
Es verdad que después sufrieron un golpe al quedar eliminados ante los Estados Unidos en la Copa de las Confederaciones, el año pasado, pero todo equipo puede perder un encuentro.
Ahora están a un partido de terminar de escribir esta historia.
Hoy, los de Del Bosque, demostraron que son los serios candidatos a coronarse con la Copa. En el encuentro de dos estilos diferentes pero iguales se impuso la presencia española. Esa Alemania que vapuleó a los ingleses y después a la Argentina nada pudo hacer ante el juego colectivo. Ese equipo teutón, que daba miedo enfrentar, que demolía a sus rivales, y que se imponía con mucha claridad nada pudo hacer ante el juego en conjunto de España.
En un encuentro donde prevaleció el juego al pie y el poco roce, los españoles se llevaron una gran victoria. Es cierto, pudo haber sido por una diferencia mayor. Quizá es el único aspecto que se le puede cuestionar a este conjunto. Esa falta de definición, de contundencia. Porque España llega, pero no convierte, porque origina situaciones que dejan solos a sus delanteros, pero estos no pueden terminar las jugadas.

Alemania en cambio, buscó siempre replegarse en el terreno y tratar de cerrar el paso a los jugadores estelares ibéricos. Y, si podía, salir con una contra tan rápida como efectiva. En varias ocasiones lo pudo hacer, pero la gran transición defensiva española impedía que los germanos puedan aprovechar su velocidad.
Así se mostró este partido, posesión, oportunidades, eran propuestas por “la roja”. La velocidad y el dinamismo por los de Löw.
El destino quiso hacer que el gol no viniera por abajo, sino de cabeza después de una pelota parada. Cabezazo impecable de Puyol. España 1-0 arriba. Tanto toque corto y por el piso y el gol vino de un córner. Así es el fútbol. Sorprendente.
En los últimos minutos, Alemania fue con más ímpetu que otra cosa en busca de ese empate que le dé la prolongación del encuentro. Pero el gol nunca llegó. Incluso, los españoles, estuvieron más cerca de llegar al segundo, que los teutones para el empate.
Esa jugada que perdió Pedro, le quedará en la retina y en la cabeza durante mucho tiempo. Esa contra que provocó la avanzada alemana quiso que el partido sea emocionante. El del Barça en vez de pasarla al Niño Torres, que había ingresado por Villa, les dio a los germanos una vida más. Pero ya no quedaba tiempo para más.
El festejo español por un lado. Como para no festejar. Primera final que juegan en la historia de los Mundiales. Con un juego contundente y bonito. Festejan porque están a 90 minutos de lograr su sueño. Y demostrar, a todo el mundo, que tienen temple y convicción.
Del otro lado, un equipo devastado, cansado, y con una herida que tardará mucho en cerrar. Como en el 2006, Alemania quedó en las puertas de una nueva final y de poder pelear por un título. Ahora deberá conformarse con la lucha del tercer puesto. Pero estos hombres, se quieren volver a casa. Y esperar cuatro años para hacer su historia.
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Arrancó el mercado de Agentes Libres en la NBA. Los Knicks se hicieron de los servicios de Amare Stoudemire. Ahora, el Heat, contrató a Chris Bosh. Pasá y mirá el movimiento.
Desde hace tiempo se espera el verano del 2010 en la NBA. El porqué es muy sencillo. Las grandes figuras, LeBron James, Dwyane Wade, Chris Bosh, terminan sus contratos con sus respectivos equipos y empezaría un movimiento interesante e importante.
Muchas franquicias relegaron jugadores para hacer espacio en el tope salarial (todo el sueldo del equipo no se debe pasar de un máximo, de ser así, se los multa), para poder incluir a una superestrella. Estos son los casos de los New York Knicks, New Jersey Nets, Chicago Bulls, entre otros.
El primer gran salto lo dio el conjunto de Nueva York, al ver que no vendría LeBron James fueron en búsqueda de otro gran jugador, el centro de los Phoenix Suns, Amare Stoudemire. Después de que Amare llegó a la final de la Conferencia Oeste con el equipo de Arizona, decidió buscar nuevos aires y un equipo que también pueda pelear por el anillo tan deseado.
Quizá que en los Knicks esté Mike D’Antoni, entrenador durante varios años en los Soles, fue un factor importante para que “Stat” ya para esos lados. Arregló por cinco años y una suma que llega a los 99.74 millones de dólares. Es decir 15 millones por año.
Ahora los neoyorquinos deberán buscar jugadores que puedan complementar y ayudar a su nueva estrella, sino todo será en vano.

Otra gran movida se dio hoy. El ex ala-pivote de los Toronto Raptors arregló su vínculo con el Miami Heat, equipo que además cuenta con los servicios de Dwyane Wade, el jugador franquicia y la figura de las finales ganadas en el 2006 por el conjunto.
De esta manera el equipo de Miami encontró un acompañante para su estrella, el cual la última temporada estuvo muy molesto porque los dirigentes no le habían conformado un equipo para pelear por el título. Ahora tratarán de conseguir a LeBron James y así conformar un equipo que de miedo. Es verdad que tendrían tres jugadores de gran calidad, pero necesitan jugadores complementarios y suplentes que puedan mantener una línea mientras las figuras descansan, como lo que hizo Boston cuando trajo al “Big Three”.
Por otro lado, tanto Paul Pierce como Joe Johnson y Dirk Nowitzki, también agentes libres, decidieron seguir con sus respectivos equipos. Pierce arregló por cuatro años más por un total de 60 millones.
Nowitzki estuvo hablando con su gran amigo, Steve Nash, para ir a jugar a los Phoenix Suns, pero la oferta máxima ofrecida por los Mavs hizo que el alemán se quedara en el equipo. Cobrará algo así de 80 millones de dólares.
El gran acuerdo fue el de Atlanta Hawks y Joe Johnson. Los Hawks ofrecieron 117 millones por el escolta estelar. Muchos coinciden que el conjunto del sudeste norteamericano ofreció demasiado por un jugador que si bien tiene una gran capacidad no demostró y no vale lo que ofrecieron.
El mercado sigue abierto. Muchos equipos todavía buscan sus estrellas y estás el equipo para poder coronarse.
Esta novela da para rato. Por el momento, estos son las piezas que se movieron.
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Uruguay perdió 3-2 en las semifinales de la Copa del Mundo ante Holanda y ahora deberá pelear por el tercer puesto.
Esta vez no apareció la heroica. No apareció esa mano salvadora como en el partido anterior. Lejos estuvo Uruguay de sufrir un penal en el último minuto. Todo lo contrario. Los últimos minutos encontraron a un equipo charrúa que iba al frente, con el corazón, la garra que lo caracteriza. Sin ideas, pero con convicción.
Una vez, Perfumo dijo que cuando uno va perdiendo el recurso más utilizado para llegar al empate en los últimos minutos es el “centro a la hoya”, pero que pocas veces es efectivo. Pero, quién va a criticar a los mediocampistas uruguayos que corrieron todo el partido y que llegaban para tirarle un centro al faro, a Abreu, para que éste cabecee, la peine, la baje y pueda dejar sólo a un compañero.
Quién puede decir que los rioplatenses no dejaron alma y vida para poder llegar a ese empate, que en ese momento era merecido. Quién le puede cuestionar algo a Tabárez por algún cambio si gracias a los cambios Uruguay llegó donde llegó. A las semifinales.
Pero el sueño terminó ahí, si bien ahora pelearan por el tercer puesto, no es lo mismo. Estuvieron a minutos de llegar por tercera vez a una final de una Copa del Mundo. Pero enfrente encontraron un equipo y un técnico, van Marwijk, que sabe sacar petróleo de las rocas. Conoce sus limitaciones e incrementa sus virtudes e individualidades.

El partido mostraba dos estilos totalmente diferentes. Si bien Holanda no pudo lucir y demostrar lo que sí pudo en las eliminatorias. Es un equipo que juega bien al fútbol, con toque corto y que tiene a dos extremos muy rápidos y a un “cerebro” que además de hacer pases mete goles. Ese “cerebro” es Sneijder, el jugador del Inter italiano.
Durante el primer tiempo, Holanda mantuvo la posesión de la pelota y fue más incisivo que su rival. El primer gol naranja no tardó en llegar. Un golazo de van Bronckhorst clavó un zapatazo en el ángulo superior izquiero de Muslera, que nada pudo hacer.
Pero la garra uruguaya no paró. Con más corazón que juego fueron hacía adelante en busca del empate y casi terminando el primer tiempo Forlán puso las tablas en el marcador con otro bombazo de afuera del área.
El segundo tiempo se mostró como el comienzo del primero, con una Holanda que tocaba, intrascendente, pero que mantenía la posesión de la pelota. Un error arbitral decayó en el segundo gol holandés. Snaijder impactó el balón el cual se dirigió al arco, pero van Perssie, estaba en offside y complico la visión del arquero celeste. El tanto debió ser anulado. Fue tal el golpe que acusó Uruguay que enseguida vino el tercer gol naranja.
Todo hacía prever que el conjunto de los Países Bajos se impondría por una goleada, pero nuevamente salió el coraje sudamericano. Nuevamente, los de Tabárez, pelearon cada pelota como si fuera la última, como si estuvieran en la guerra.
Así el encuentro se volvió dinámico, de ida y vuelta. Un encuentro que atrapó a todo espectador en el estadio y a todo aquel que lo veía por televisión o lo escuchaba por la radio.
En los minutos finales se vio a un equipo holandés que lejos estuvo de ese toque corto y de buen juego. Se lo vio asustado, nervioso, esperando que el árbitro pitara el final del encuentro.
Fui ahí, a falta de cinco minutos, que todos los uruguayos, pensaron, imaginaron, rezaron por la remontada. El gol de Pereyra puso un poco de suspenso a la definición del encuentro. Un poco de emoción. Un final, no apto para cardíacos.
Pero la arremetida no bastó, la remontada no llegó. Y Uruguay ahora deberá enfrentar al perdedor de España-Alemania para saber quien queda tercero y quien cuarto.
Pero esto jugadores demostraron, para ellos y para su público, que son los número uno, los mejores.
Con poco hicieron mucho. Y todos están agradecidos y felices.

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A los 24 años, Rafael Nadal, llegó a ocho Grand Slams al vencer en Wimbledon a Tomas Berdych en tres sets y con un juego contundente.
De haber nacido en otra época, todas las palabras, todos los halagos se los llevaría este mallorquín que todavía no llega al cuarto de edad. Pero lamentablemente, Rafa, es contemporáneo de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, un fuera de serie. Roger Federer.
El suizo opaca todas las grandes actuaciones del español. Conseguir ocho torneos grandes en nueve años de profesionalismo no lo consiguió cualquiera. Y menos a los 24 años. Este chico puede escribir la historia. Puede superar, a este paso, a Federer y dejar atrás esa barrera de 16 Grand Slams.
Lo cierto es que este niño maravilla logró un nuevo título. En Wimbledon, lugar favorito del reloj suizo. Es verdad que Federer está teniendo uno de los peores años de su carrera, de hecho, ahora cayó al tercer puesto en el ranking mundial pero de las últimas 6 temporadas en seis se coronó como el rey. Esta vez no llegó a la final. En cambio, a la final llegó su vencedor, el checo Tomas Berdych.
El futuro número ocho del ranking mundial nada pudo hacer ante una máquina. Porque Nadal fue una máquina. Con un juego eficaz, preciso, y muy ofensivo superó en dos horas y doce minutos a un rival que siempre fue inferior y nunca pudo encontrar su estilo y nunca se encontró cómodo dentro del césped británico.

El español había empezado mal el campeonato, con dudas y partidos que se extendieron más de lo debido ante rivales muy inferiores. Pero este es un niño maravilla. Que no va parar hasta conseguir el único Grand Slam que se le niega. El US Open. Tendrá la chance en un par de semanas.
Y después tratará de llegar a quebrar el récord que consiguió Federer. Talento tiene, edad tiene, hambre tiene, orgullo tiene, humildad también.
De no haber nacido en esta época estaríamos hablando del mejor tenista de la historia. El destino lo hizo competir con alguien que está fuera de este mundo. Pero este mallorquín, no está muy lejos tampoco.
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Argentina quedó eliminada de la copa del mundo al perder por 4-0 ante su par de Alemania. Ahora el conjunto teutón enfrentará a España en las semis.
“Sueña que puedes y podrás”. Ese era el mensaje, la insignia, el slogan de la selección comandada por Diego Maradona. Y todo comenzó como un sueño hermoso. Ese tipo de sueños que uno lo recuerda durante mucho tiempo, donde quiere dormirse de vuelta para poder continuar con esa historia.
La selección empezó feliz al lado del brazo de Morfeo. Luego de tantas críticas y tantos cuestionamientos, el conjunto albiceleste había conseguido lo que muy pocas pudieron. Llegar a los octavos de final con los cuatro partidos ganados, algo que no lo hizo ni la selección campeona del 86.
Por eso, el partido con Alemania quería ser la continuación de ese sueño glorioso. Ese sueño que tenían los jugadores, los dirigentes y también, más que nadie, los hinchas.
Lo que comenzó siendo un sueño pacífico, tranquilo, rápidamente se convirtió en una pesadilla horrible, de las que uno se acuerda y que espera que nunca más le vuelva ocurrir. De esas que exaltan a uno y lo dejan acongojado, sin poder volver a pegar un ojo y lo mantienen desvelado toda la noche.
Argentina lejos estuvo de ese equipo soñador. Lejos estuvo de esa selección que asustaba rivales y la ponían como principal candidata. Todo lo contrario. Pareció un perro que hace rato fue abandonado por los dueños y no encuentra el rumbo, no sabe para donde caminar. Tiene hambre, sed y temor, mucho temor. Y se queda acurrucado en una esquina sombría para que pase la lluvia y con el sol del otro día pueda seguir buscando a su dueño.

Los primeros veinte minutos de la selección fueron esa lluvia, esa falta de rumbo. El gol de Müller fue un mazazo. La selección comandada por Maradona nunca tuvo que revertir una situación como esta y se notó. Argentina no encontraba los espacios, tenía mucho temor, parecía que los alemanes eran ciento cincuenta y los argentinos solo dos. Mascherano y Tevez. Esos dos fueron quienes sacaron la cara por su selección, de la mano de ellos vino la reacción argentina.
Alemania, en cambio, supo aprovechar ese momento y supo cómo jugarle a un equipo que por las bandas no poseía volantes de marca. Abrió la cancha y fue incisivo. Tuvo sus oportunidades. No las aprovecho.
Pero, después del primer cuarto de hora, el perro espantado empezó a levantarse y a convertirse en león. Los albicelestes empezaron a dominar el juego y a pelear cada pelota como si fuese la última.
También tuvo sus oportunidades pero la falta de contundencia y la seguridad defensiva alemana lo impidieron.
Los jugadores chocaban contra el muro de Berlín. No había forma de sobrepasar esa línea de cuatro defensas. Solo un arresto individual podía descolocar un poco. Pero la falta de precisión hizo que los ataques terminaran en remates fáciles para el arquero o pelotas divididas que ganaban los hombres altos alemanes.
En la segunda parte parecía que el sueño volvía hacerse realidad. El ímpetu, las ganas, el corazón, el sacrificio argentino fue tal que los germanos se sintieron superados. No podían salir de su área. La Argentina, sin mucho juego colectivo, fue hacia adelante para que el sueño terminara en felicidad. Quería revertir la historia. Los jugadores querían demostrar que ya no eran más chicos, que eran hombres. Que ante la adversidad el esfuerzo todo lo consigue. Así, el perro abandonado se convirtió en un león, en un tigre, en un lobo.
Pero...Lo que parecía la reconstrucción de un castillo terminó en eso. Un intento. Los de Joachim Low tienen una exelente precisión, algo típico alemán. Toda la que no tienen los albicelestes. En tres contras liquidaron el partido.
Tres ataques bastaron para que Alemania, vaya tranquila a la semifinal y le dé un poco de cátedra a la selección de Sudamérica. De cómo debe plantear estos partidos.
El sueño terminó. Argentina vuelve a casa. Sin pena y sin gloria. Con un técnico que no sabe si va seguir. Con muchas dudas. Porque a partir de este partido se cuestionaran muchas cosas.
Lo cierto es que lo que comenzó siendo un sueño perfecto allá por el 12 de junio, hoy, tres de julio terminó siendo la pesadilla más aterradora y mas escalofriante para los argentinos.
A esperar cuatro años más. Y, soñar, porque no cuesta nada soñar, que en Brasil 2014, se vea a la selección Argentina en lo más alto.
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Uruguay derrotó por penales a la selección de Ghana y se clasificó a las semifinales del Mundial después de 40 años. Ahora, enfrentará a Holanda.
Los años terminados en cero le sienta bien a la selección uruguaya. En 1930 se consagró campeona de la primera copa del mundo. Veinte años más tarde, es decir 1950, logró levantar otra vez el título mundial al superar al local Brasil en el tan conocido y recordado Maracanázo. En el 70 llegó por última vez a una semifinal mundial, terminando cuarta en ese año. Hoy, 1 de julio de 2010 llegó a una nueva semifinal, ahora enfrentará a su para holandés para ver quién llega a la final.
Se llama suerte a la creencia en una organización de los sucesos afortunados y desafortunados. Es una forma de superstición interpretada de forma diferente por individuos diferentes. Quizá esa suerte fue la que tuvo Uruguay en el último minuto del tiempo suplementario. Cuando el disparo de Asamoah Gyan, figura y goleador ghanés, impactó en el travesaño y salió por arriba. Quizá esa misma suerte fue la que hizo que en el equipo charrúa haya un jugador como Sebastían Washington Abreu. Quién una vez terminado el partido tranquilizó a sus compañeros y les hacía gestos para que bajen las pulsaciones y que respiren hondo. Pero que también paralizó el corazón de compañeros, cuerpo técnico e hinchas al hacer una de sus ya acostumbradas “locuras”.
Porque el ex San Lorenzo, River, Real Sociedad, entre otros, definió con clase el último penal. El que muchos dicen que es decisivo. Nunca se puso nervioso, jamás le tembló el pulso, o la pierna, para definir picándola. De cucharita. Uno gol típico de papy fútbol y un gol marca registrada del “Loco”, nunca mejor puesto ese sobrenombre.
Es cierto que en el trámite del encuentro el conjunto rioplatense fue menor. Porque se encontró a un equipo africano que quería seguir haciendo historia. Quería ser el primer equipo “negro” en llegar a una semifinal.

La superioridad ghanesa fue tremenda. Desde el comienzo Uruguay se vio avasallado por un equipo que trató de ser lo más ofensivo. Fue así que el primer gol no tardaría en caer. Un remate de media distancia, de Muntari, derrotó al arquero Muslera quien se sorprendió y no tuvo los reflejos para despejar el remate. A partir de ahí el tramite siguió siendo a favor de los africanos. Pero otra sería la actitud de los sudamericanos en la segunda parte.
Uruguay salió en busca del empate. Con esa garra, con esa entrega que lo caracteriza. Ghana, parecía que estaba perdido, quizá por el hecho de estar arriba en el marcador provocó que se relajaran un poco y dejaran acercar a los uruguayos.
Conociendo la historia de los dirigidos por Tabárez, nunca se los debe dar por muertos. Siempre sacan un conejo de la galera. En este caso, una bruja apareció para salvar a los celestes. Forlán clavó el empate con un buen tiro libre.
A partir de ahí el partido se puso parejo. Los dos tuvieron las chances para llevarse la victoria. Sobre el final del encuentro y durante casi todo el tiempo suplementario, fue el equipo africano el que estuvo más cerca de la victoria. Los goles hay que convertirlos, dice una vieja premisa en el fútbol. Después lo podes pagar caro.
Nadie iba suponer que sobre el final de tiempo complementario una pelota iba a poner al borde de la eliminación al conjunto charrúa. La reacción valedera y de último recurso de Suárez, sacó el gol con las dos manos, hizo que Uruguay se quede con un hombre menos y con un penal en contra a falta de un minuto. Pero la suerte, le hizo un guiño. Muslera besó, agradeció, rezó, al travesaño. El que les permitió seguir con vida en el mundial. Gyan trató de asegurar el remate disparando fuerte y al medio. Lo cierto es que le pegó desde muy abajo a la pelota y esta impactó en el larguero y salió.
Luego si, la tanda de penaltis. Para un partido así, la tanda de penaltis es injusta. En un encuentro donde ambos quisieron ganar, y salieron a seguir en pelea, que la clasificación se defina desde los doce pasos, es no más que injusta.
Ambas selecciones convirtieron los dos primeros penales. Luego le tocó el turno a Andrés Scotti, quien con un tiro raso y fuerte superó al arquero Kingson. El capitán ghanés, Mensah, disparó muy suave y poco esquinado y el arquero uruguayo acertó el lugar y tapo el remate. Todo hacía prever que si Maxi Pereyra acertaba todo estaba dicho. Pero esto no fue así, el charrúa le pego fuerte y alto y la pelota pasó a dos metros del arco. El portero celeste se convirtió nuevamente en héroe cuando retuvo el remate de Adiyiah. El marcador quedaba 3-2 a favor de Uruguay. Si Abreu convertía pasaban a las semifinales.
El final de esta novela todos la sabemos. Abreu, inteligente, pícaro, con esa clase que lo caracteriza, picó la pelota y salió festejando.
Atrás quedó la expulsión y la cuasi eliminación en el último minuto.
Otra vez, el año termina en cero y Uruguay está haciendo historia.
Ahora enfrentará a Holanda para seguir con la ilusión de sus jugadores y su hinchada. Con el juego, la garra, corazón y la suerte de su lado. Todo puede pasar.
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